Raja Rao
Escribo. No podría dejar de hacerlo. Sin embargo, aquel que ha escrito, no sabe quien escribe en él. Porque, ¿somos nosotros los que escribimos? Y si no somos nosotros, ¿quién es? O: ¿qué es? ¿Por qué escribir?
Carlos Fuentes
“Moctezuma impuso a Cortés la máscara del dios que prometió regresar, Quetzalcoatl. Pero, al hacerlo, el emperador azteca perdió la máscara que él mismo usurpó, y ésta era la máscara definida por su título imperial: el tlatoani, el señor de la gran voz, el señor de la palabra... Sólo una voz podría escucharse en el mundo azteca, entre los labios de la máscara.
¡Devuélvannos nuestro rostro!, clama el pueblo. ¡Devuélvannos nuestra voz!”.
Ricardo Piglia
La literatura es el laboratorio de lo posible: un lugar en el que se puede experimentar, hacer lo viejo con lo nuevo. Escribo porque la literatura es la forma privada de la utopía.
Soledad Puértolas
Tal vez escriba para intentar conocer algo de lo que no sé, para inventarme un personaje que sea lo que no soy. Todos los personajes con los que me acabo encontrando buscan algo, esperan algo, resisten, aguantan y, de vez en cuando, se vienen abajo. Lo que aprecio y valoro en ellos es la inquietud que les mueve. El no saber a dónde vas no quiere decir que te dé exactamente igual el lugar al que llegues. Su incertidumbre es una postura moral ante un mundo caótico, confuso y desjerarquizado.
José Donoso
Si escribo me da la sensación de que me estoy matando día a día, y si no escribo la sensación de muerte es absoluta.
Llevo unos cuadernos que son mis diarios, más que nada mis diarios literarios. De alguna manera la literatura ha tomado mi lugar, toda mi vida. En el hecho de escribir está todo incorporado: el amor, el cariño… todo está ahí. Yo casi no sé pensar si no escribo simultáneamente lo que pienso. De modo que escribo para poder pensar.
Copago
Cuando las cosas se ponen feas el cuerpo tiembla, protesta de las formas más diversas: dolores de cabeza, contracturas musculares en el cuello, insomnio, irritabilidad… asoman como fluorescentes de color rojo para avisarnos de que la catástrofe está a la vuelta de la esquina. Acudimos al médico y salimos de la consulta con una colección de recetas que nos ayudaran a sobrellevar nuestro dolor. No contentos con esta opción acudimos al lenguaje y, en un intento engañoso de minimizar nuestro malestar, lo cambiamos. Así surgen los eufemismos. La RAE define esta palabra como “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. Y, sin decoro ni vergüenza, nuestros políticos nos cuelan el término copago para cobrarnos, de nuevo, la asistencia sanitaria, un servicio que ya sale de nuestro agujereado bolsillo. El sangrante eufemismo y su consiguiente tarifa ya ha sido aprobado por el gobierno catalán y se introducirá en nuestras vidas como el dolor de cabeza y la irritabilidad y, si no lo impedimos, volveremos a la consulta del galeno a costear por segunda vez la pastilla que nos calme el sufrimiento del copago.
Federico García Lorca
A veces, cuando veo lo que pasa en el mundo, me pregunto: ¿Para qué escribir? Pero hay que trabajar, trabajar. Trabajar como forma de protesta. Porque el primer impulso de una persona al despertar al mundo lleno de toda clase de miserias e injusticias debe ser gritar: ¡Protesto!, ¡protesto!, ¡protesto!
Marguerite Duras
Escribir a pesar de todo
pese a la desesperación…
Escribir es intentar
saber qué escribiríamos si escribiésemos –sólo lo sabemos después- antes, es la
cuestión más peligrosa que podemos plantearnos. Pero también es la más
habitual. Si se supiera algo de lo que se va a escribir, antes de hacerlo,
antes de escribir, nunca se escribiría. No valdría la pena.
Marguerite Duras
Graham Greene
Escribir es una forma de
terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, o los
que no pintan o componen música, para escapar de la locura, de la melancolía,
del terror pánico inherente a la condición humana.
Juan Gelman
La palabra se forja en el
combate contra lo que no va a decir y es castigado quien la procura cincel o
darle un rostro solo… Qué importa entonces la victoria, la derrota: la imagen
es la tienda del fuego.
En el combate, cada palabra
destruye un lazo de su pre-vida o sombra oblicua, confirma las ciudades
asoladas, las distancias que el exilio sembró delante suyo. Las palabras son un
pueblo de separados: huelen a lluvias anteriores en las que quieren otra vez
mojarse y tienden la mano abierta con humildad inexplicada. Cuanto más nombran,
más dejan sin nombrar y es de aquello (San Juan de la Cruz) que sacan fuerzas,
joyas, carbones o astros en el aire y el paso de toda criatura por la tierra.
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